El encuentro con las raíces de Abya Yala, expresión de la espiritualidad maya. Un viaje desde mis orígenes.

Los pueblos indígenas por herencia ancestral expresamos nuestra cosmovisión, todos los días de nuestra vida, es parte de nuestros derechos reconocidos como culturales por la legislación internacional. A  pesar de las particularidades de cada pueblo, la cosmovisión es la misma, pues todos tenemos la misma raíz, soy indígena maya nonualco, por herencia paterna, me reconozco como tal, además de ello soy un ajkij , un guía espiritual del pueblo, esto me da la posibilidad de poder contribuir con toda persona que me busca y me solicita un servicio espiritual determinado, que no está desarraigado de las luchas por mejorar las condiciones de vida de nuestra gente, en esta acción el camino blanco se une al camino rojo para generar vida.

 

En esta lógica comparto que desde hace más o menos 5 años viajo a Sur América a compartir la herencia ancestral por medio de conversatorios, charlas, atenciones personales y la Sagrada Ceremonia de Fuego. Y cada vez que me invitan, respondo inmediatamente que con gusto, pero siempre me pregunto, Por qué tengo que ir a Buenos Aires? Qué me obliga moralmente a tomar un avión, hacer largas e incomodas escalas, llegar a Buenos Aires con casi 23 horas de trayecto y escalas, mal comido, mal dormido, adolorido, desubicado, cansado? Y la respuesta cae inmediatamente por su mismo peso: Me obliga a ir mi responsabilidad con el camino ancestral abierto justamente en ese lugar, y la obligación se convierte en gozo, en alegría, en felicidad.

En Buenos Aires me reciben en Don Torcuato, Partido de Tigre, me desplazo a una hora y media en taxi hasta llegar a La Puerta, el espacio de trabajo,  soy recibido por Guido Spina que además de ser un excelente anfitrión es un estudiante al sacerdocio maya, igual me reciben su esposa Katherine y sus hijos, Lan y Jade, a partir de la llegada empieza a correr el calendario de actividades a las que yo llego  y que tienen como centro repensar nuestra identidad indígena desde el componente de la espiritualidad ancestral, como parte de la cosmovisión ancestral de los pueblos originarios.

Ya en La Puerta iniciamos con un conversatorio sobre “la espiritualidad maya”, los invitados llegan de varios puntos, escuchan, preguntan y al final se dejan conducir en ejercicios de meditación y de visualización como parte de lo que tengan, deban  y quieran trabajar en procesos personales y grupales.

¿Cómo sintonizar los y las consultantes desde su propia identidad con la espiritualidad maya?, ese es el reto al que nos sometemos, ¿cómo visibilizar nuestra cultura, nuestros derechos ancestrales, nuestra espiritualidad en estos contextos, que son diversos y favorables?

En respuesta a estas preguntas llegamos desde muy lejanas regiones, con nuestras enseñanzas, con nuestras energías ancestrales, con nuestra fuerza de hombres y mujeres de maíz y compartimos lo más sagrado que como pueblo tenemos y que hemos alimentado desde nuestros inicios y esto es el conocimiento; el conocimiento ancestral espiritual.

En este ir y venir compartimos lo esencial de nuestras enseñanzas y de nuestra vida: La espiritualidad y le pedimos a nuestras energías, a nuestros guardianes, a nuestros seres de luz, a nuestros ancestros que se instalaran ahí donde había alguien con quien y por quién trabajar, recorrimos la historia en cada palabra pronunciada, tejimos la vida a partir del Pop Vuh y fuimos dejando la enseñanza, como semilla plantada, explicamos el origen de la vida, la influencia de la Abuela Ixmucané, la importancia de cada punto cardinal, de cada color, la construcción del tejido social de nuestros pueblos a partir de la historia sagrada, la importancia de tener claro que somos invitados a vivir en nuestra Madre Tierra, en la Pachamama, pronuncian y vivencia nuestros hermanos de pueblos originarios de América del  Sur y a partir de esta conciencia cósmica nos sentimos hijos, responsables de nuestra madre, no necesitamos todas las concepciones actuales, recicladas sobre el medio ambiente que se han propuesto a la par del desarrollo, a costa de las heridas provocadas a la Pachamama.

Somos hijos de la Pachamama, de nuestra madre común, y sintiéndonos hijos responsables, trabajamos por nuestra etnicidad, identidad, alimentada por nuestra espiritualidad, una espiritualidad holística, encarnada en nuestra vida diaria, que nos permite entender y trabajar con el movimiento de los astros, tomar los cambios de nuestra abuela luna para sembrar, cultivar, podar y cortar, saber en qué momento podemos hacer ciertas cosas con el sentido de sacralizarlas, respetarlas y contribuir a la armonía en el cosmos.

Mucho de esto dejamos sembrado en La Puerta, este es nuestro derecho, nuestro gusto, nuestro trabajo, nuestra responsabilidad, nuestro compartir y nuestro aporte.

Gracias Pachamama por todo lo que nos das, gracias Madre Tierra, tuyo es nuestro corazón!!